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La Nochera (Jaime Dávalos - Ernesto Cabeza) - zamba

LA NOCHERA
- zamba -
Letra: Jaime Dávalos.
Música: Ernesto Cabeza
(1954)

Ahora que estás ausente
mi canto en la noche te llega
tu pelo tiene el aroma
de la lluvia sobre la tierra

Y tu presencia en las viñas
dorada de luna se aleja
hacia el corazón del vino
donde nace la primavera.

Mojada de luz
es mi guitarra nochera
ciñiendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.

Quisiera volver a verte
mirarme en tus ojos quisiera
robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.

Cuando esta zamba te cante
en la noche solo recuerda
mirando morir la luna
como es larga y triste la ausencia.

Mojada de luz
es mi guitarra nochera
ciñiendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.




Como Nació La Nochera*

"
Estaba por ese entonces en los Valles Calchaquíes, en el Dpto. de San Carlos, Partido de El Barrial, trabajando en sociedad con Juan José Coll una tierrita en la que pensábamos plantar viñas. Monte Pozo se llamaba la finquita; veinticinco hectáreas de tierra salitrosa sombreadas ralamente por algarrobos, jumes y cachiyuyos. Tenía una gran carpa piramidal que le había quedado a Ramiro de herencia de nuestro amigo Marcos Kantor, hábil psicoterapeuta que con una pollada de jóvenes chiflados cayó a Salta allá por el año cincuenta, en busca de un lugar propicio para sacarles a sus pupilos las telarañas del mate, pulir rayaduras, y haciendo vida naturista depurar cuerpo y alma en contacto con la naturaleza. Manuel Castilla me ayudó a plantarla, a poner los parantes de esa gran pirámide de lona verde en la que me visitaban los amigos. El más conspicuo era el doctor José Vasvari, médico regional, hombre de gran generosidad y muro de lamentaciones de mis horas de soledad rural forzosa. Ahí venía Juan José a descargar su enorme corazón en verdaderas pulseadas fraternales; ahí bajo el inmenso algarrobo a cuya sombra se guarecía mi tienda, llegaron además de Falú, todos los que de algún modo hubieran querido vivir así, a la intemperie, con la piel llena de sol y ventilando el alma a puro canto para no hacer del trabajo una manía obsesa, sino una disciplina del carácter y un método para buscarse. Ernesto Cabeza "Cabecita", vino a visitarme en compañía del energuménico Bustos de Mendoza; se me presentaron los dos con sus catres y se quedaron a acompañarme, a ayudarme también a vivir. El campamento se me llenó de gente que venía a visitarnos, a charlar, a cantar con nosotros, a despilfarrar ese tiempo de sobra que suelen utilizar los angustiados para hacer cualquier cosa cuando no saben que hacer.

Cuando los amigos se iban, nos quedábamos entre aliviados y tristes, toda relación debe tener sus límites y cuando se exceden esos límites, deja como saldo el marasmo. Cuando reaccionábamos, nos poníamos a hacer música, a tentar al silencio. Así entre Juan José, Cabecita y yo, hicimos la "Zamba de la siembra", que nos dejó con la alegría de haberla hecho, la desazón de que tal vez pudiera haber sido  mejor.

Cabecita daba y temaba con una zamba a la que ya su cuñado Pelado Paterson le había puesto letra. A Cabeza no lo convencía y me pidió que intentara pisarle la gallinita con mi gallo. La noche se nos hizo día buscándole la vuelta y de la busca eterna de la mujer ideal, la vida en los Valles del Vino y la eterna nostalgia del amor cuyo absoluto sólo es realizable en sueños nació "La Nochera", que nadie cantó mejor nunca que Eduardo Falú porque le puso el alma de esas noches de luna de los valles, noches mágicas en que los arenales fluorescentes devuelven la vislumbre alucinada y la realidad se torna intemporal."

* Por Jaime Dávalos, del libro "Yo soy quién pinta las uvas" (1980)
 

 

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