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¡ Es mal pintor el pintor, y en esto no hay duda alguna, pues solo pinto mi poncho y se olvido mi hambruna !
(Por Alfredo Mateo)
El Poncho
Cuando el hombre que anda por los cerros siente el cansancio de la marcha, se tiende sobre el apero y se cubre con su poncho, que es como cubrirse con los misterios y sentires de la tierra. Y el poncho lo envuelve como una atmósfera aisladora -de la prenda hacia fuera, el mundo infinito y complejo, y poncho adentro, el universo, animando los sentimientos del hombre frente a la noche abierta. Los ocasos andinos tejen una trama pictórica. La mujer tejedora va uniendo los hilos y concibiendo los colores , fijando en su labor los ocasos y las auroras de su comarca. En el poncho no están solamente el hilo y la hilandera, esta la tierra callada y grávida, el canto de las calandrias y la soledad del cardon; están los sueños y las rebeldías del hijo de la tierra; esta el adiós del que nunca volvió: esta la vida otoñal, quejándose con aire de leyenda, y esta el amor, hecho ternura y hermandad, en un sereno esperar. Y el hombre se lleva luego ese poncho, y lo cuida y lo ama. Y lo descuida y lo mancha también, porque pierde a veces la conciencia de lo que vale esa prenda; pués, mas que mera prenda, es un símbolo, es la herencia de todas las fuerzas intraductibles que condicionan un alma y una existencia con sentido americano. Dormir con el solo abrigo del poncho significa preparar el alma para el sueño alto, a costa de una holgura física, de un confort a veces necesario. Es el precio del sueño, es la hondura de un primitivismo que alimenta lo étnico del individuo; es una manera de rezar, de hacer que aflore a la conciencia tanto sueño callado, tanta meditación olvidada, tanta idea degollada en el laberinto de la vida moderna. El hombre que se tiende sobre la tierra con la sola compañía de su poncho, se tiende sobre muchos recuerdos de la infancia, sobre las ultimas consejas de la madre, sobre el adiós del Tata que se marcho por caminos definitivos; se tiende sobre la promesa de la primera novia en la montaña y sobre los dolores de la raza y las esperanzas del pueblo.
- ¡Me ven de poncho e Ushuta, muchos se burlan de mi, por fuera nada parezco, por dentro tal vez que si!
Compatriotas, solo me resta despedirme hasta el año que viene, dios mediante. Buenas fiestas y que nos vaya bien a todos Paisanos.
Por Alfredo Mateo |