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Camine aquel Buenos Aires anterior al año 30. Escuche, desde la vereda de la Calle Corrientes angosta, a casi todas las orquestas de la capital, buscando trabajo. Recorrí un puñado de barrios conectándome con periodistas, guitarristas, cantores. He conocido a rateros, carteristas, los que robaban en los tranvías.
Yo ganaba mí vida tocando la guitarra, sin cantar, en los boliches de Avellaneda, Boedo, Bajo Belgrano, con gente de paso que concurría a las tabernas, pasaban unas 30 personas y unas 6 me daban algunas monedas. Había recaudado un peso y veinte centavos. Comí un pedazo de queso y un vaso de leche. Y con el peso restante, hice un gasto extraordinario. Me fui al teatro de la calle Esmeralda a escuchar a Carlos Gardel, que había llegado de Europa.
Disfrute enormemente. Casi dos horas. (Yo que nunca fui tanguero) yo que nunca aprendí a tocar un pedacito de tango. Recibí con una gran emoción la voz del zorzal. Su acento, su forma de marcar las palabras, su temperamento, su simpatía, su calidad de artista, la más pura belleza popular.
Entrada la noche, me senté en un banco de la plaza Lavalle, cansado, emocionado y me quede dormido. Un oficial me pide documentos seguido de detención por vagancia, puesto en libertad fui a buscar mi guitarra a la casa de un amigo y a trajinar nuevos boliches para ganarme unos pesos.
¡Para que lo habré escuchao¡ Si era la voz de mandinga… Buenos Aires ciudad gringa Tuitos se me hacían a un lao
Como cu…erpo a la jeringa
Y como decía Don ATA… Que nos vaya bien a todos… paisanos.
Por Alfredo Mateo (Kusiya Producciones)
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