|
¡El amigo es uno mesmo, pero con otro cuero!
Rubén Natarevich- Tuve un amigo, hace mucho tiempo, un amigo que nunca firmaba sus poemas, porque los hombres y los nombres se guardan en el alma, y los decía así, los conversaba así. Cuando la paz era una niña secuestrada, era un muchacho grande de anchas manos, aromada de resina, carpintero de barrio, casitas azules, llenaba su taller de virutas, refranes y mate amargo, a veces, a veces una caña, siempre la sonrisa y la amistad, esas de pino para clientes pobres, bancos de pino y ropero sin espejos, a veces encolaba una guitarra lastimada de noches sin estuches, de boliche sin sueño, de trovadores que escondían su fracaso en la niebla de muchas madrugadas sin alba.
¿cuánto le debo amigo? Y el carpintero decía su precio con ternura, una milonga hermano, una buena milonga. Rubén Natarevich se llamaba mi amigo, fue parido en Odessa, y criado en Entre Ríos, fue boyero y comía lo que por ahí dejaban. Fue linyera también, doctorado en los techos de trenes de carga y peón en los corralones de Pompeya y Patricios.
Y cayó en carpintero, porque quizás anhelaba respirar una selva que nunca había encontrado. Cuando llego el nazismo enmugreciendo el aire, Rubén Natarevich se anotó en la brigada de la ilegalidad, un día lo mataron cerca de mí, en el centro de la plaza Congreso. Era noviembre acaso, hace ya tanto tiempo, eso es todo, apenas una historia pequeña, intrascendente crónica, con un hombre en el medio. Rubén Natarevich.
Limpia mirada y manos olorosas a resina, a brea a tabla cepillada, a amistad sin engaño. Eso es todo, si, eso es todo, no hay nada mas pobre que un poema para hablar de un amigo, que se durmió en la huella.
¡Hace un puñados de años que camino un planeta, llamado tierra ,y reconozco un solo privilegio “ LA AMISTAD “
Y como decía Don ATA
Que nos vaya bien a todos, paisanos.
Por Alfredo Mateo www.lacapataza.blogspot.com |