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El Fogón de Yupanqui: "El monte de los mil pinos" E-mail
Miércoles, 01 de Diciembre de 2010 22:52

Voy a hablar de un viaje, tal vez del primer viaje que hizo al oriente hace muchos años Don ATA, cuando lo invitaron a conocer esos misterios y esas maravillas antiguas, el Japón por ejemplo, estuvieron cien días, oyendo hablar a la gente, cien días callados, cien días de silencio condenado a un silencio obligado, con un inglés de naufragio, muy mal hablado de su parte, y luego lo salvaron los libros, sabíaa que debía guardar silencio mucho tiempo, entonces se preparo ¿qué llevó?...

 

En sus valijas ¿que llevó? El Quijote, llevó a Cervantes claro, llevó La Odisea, ahí se entretuvo cien días, curioseando otras cosas, preguntando, siempre preguntando y le tocó aparecer un día, entre  cincuenta y tres parajes que recorrió de Japón, le tocó recitar en un paraje, en un monte que se llamaba, Sembomatsu-BaraEl monte de los mil pinos”. Ahí fue y se encontró con un personaje del cual hablaremos, les contare algunas cosas. Año 1964 Caminando solo un criollo por esas maravillas lejanas solitarias del Japón, del oriente, cien días. Este es el lago sagrado de claras aguas, una suerte de colinas y cerros. El lugar, las palabras y el color de las ropas, todo esta determinado por un antiguo ritual, quizás por ello una noche en Sembomatsu-Bara, murió el último poeta, pasada la tragedia de la guerra, Boksui volvió a la aldea, como era leñador volvió a su viejo oficio ritual, antes de herir a la madera, se abrazaba al árbol y besaba la corteza.


Cargaba un viejo carro y repartía la leña, y al pasar por una imprenta de un amigo, dejaba un poema. La guerra había traído pobreza a la gente de la aldea, no podían pagar la mercancía. Boksui que dijo “no importa”  siguió atendiendo a sus clientes y haciendo poemas, mirando las brumas, viendo a lo lejos los techos con breve chimeneas, el humo era el alma de sus pinares, el rigor de sus manos, el hachazo del hombre en la primera luz de la mañana. Ya no tenía tabaco para su pipa, su cajón de legumbres estaba vacío. Pero Boksui pensaba en los vecinos, en los niños, en los ancianos, el invierno de bravos vientos  con mucha nieve. Un medio día bajo a la ciudad con su carro cargado de astillas (era su ultimo viaje) y el quizás lo sabia, al pasar por la imprenta dejó su último poema

¡Cuantos montes tendré que atravesar, cuantos ríos, cuantos lagos, para llegar al fin a una región, donde no tenga cabida  la tristeza! 

Los aldeanos lo encontraron muerto sobre su tatami, en su fogón no había rastros de leña quemada, todo lo había dados sin esperar nada.

Todos los años, al cumplirse un aniversario, van a la choza de Boksui los poetas, los pintores, los aldeanos, allí encienden el fogón y cantan alguna canción. Don Atahualpa. Hubiese querido cantar esa tarde, pero apenas pude cajonear una vidala sin palabras, una vieja vidala litúrgica…
¡LLORAN LAS RAMAS DEL VIENTO!


Y como decía Don ATA, que nos vaya bien a todos, paisanos…



Por Alfredo Mateo             
www.lacapataza.blogspot.com                                  

 

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