|
Las sensaciones telúricas responden al tiempo, se apodera de él, pero lo que ha cambiado es el modo de despertarlas, de conmoverlas, la actual música nativa más cercana a la alquimia, no es un experimento sino una realidad.
El Yaraví, en cambio, es un laboratorio doliente, del más puro mestizaje está compuesto por emociones, por ahí arranca la antigua melodia quechua. Es una mezcla de soledad, abandono, tristeza, el lloro de una quena pastoril buscando el rumor de la tierra, una combinación de cuerpo y alma, quién la escuche armoniza su propio verso, cuando la tarde llega a su ocaso, las estrellas acuden a la confidencia de la Pachamama, con el ritmo de un cantar dolido, preñado de voces solemnes para el espíritu, así nació el Yaraví. Diría que es música de soledades, la parió un corazón desolado, cuando brota los acordes, el cholo se torna trágico, quebrándose su voz, transportándolo a añoradas reuniones de tiempos idos, cuando las cholas suspiraban en las ventanas, con aquel silbo lejano.
Tiene el color de caminos soñados, llenos de murmullos, la tierra devuelve los antiguos ritos de los Comechingones o los Sanavirones, Maimará, Diaguitas, las voces del mundo de caciques desbordados por el olor a pólvora, la Pachamama engordada por la sangre del indio.
Pasarán los años, siglos, tal vez cambien los paisajes, los ríos, las costumbres, pero el amanecer Andino, siempre se iniciará con el vuelo del cóndor.
Con permiso vi'a dentrar aunque no sea convidao, pero en mi pago un asao no es de naides y es de todos. Yo vi'a cantar a mi modo después que haya churrasqueao
Yo se que muchos dirán que peco de atrevimiento si largo mi pensamiento pa'l rumbo que ya elegí pero siempre he sido así galopiador contra el viento
Y como decía don ata, que les vaya bien a todos paisanos
Alfredo Mateo Autor del libro: "Agua escondida" dedicado a Atahualpa Yupanqui
|