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Un Astrada grande y otro chiquito E-mail
Domingo, 20 de Noviembre de 2011 15:44

Por Jorge Castañeda
(Valcheta, Río Negro)

En nuestro pueblo el agua canta rumorosa en las acequias y en las chacras el milagro del sol da forma a la redondez de los racimos para madurar el vino que refresca la garganta de los sedientos y ennoblece el trabajo de los hombres.


Bajo la sombra de añosos cipreses y ordenados viñedos trabaja la madera con pasión de orfebre Rodolfo Astrada, el más reconocido de los artesanos de Valcheta.

Una gran cantidad de tallas como viejas compañeras nos miran desde todos los rincones de su taller. Caballos, paisanos de chambergo, un gaucho de tamaño natural ofreciendo mate, diversos animales de la fauna patagónica, un tronco con forma de zapallo tallado en todas sus caras, rostros de viejos mapuches, manos rompiendo las cadenas, motivos florales, figuras religiosas, el milagro de la vida en un parto natural y en un solo bloque de madera se pueden apreciar esculpidas como en un mural ganado por la entropía más de sesenta tallas con rostros aterrados, bocas deformadas, manos cortadas, fusiles quebrados y cuerpos desnudos entre otras, titulado “Nunca más” y que memora tristemente la guerra de Malvinas y el espanto de la represión en la última dictadura militar.

Este artista plástico ha realizado numerosas muestras de sus obras adentro y afuera de la provincia de Río Negro, destacando su exposición en el Festival Nacional de Cosquín, en el Encuentro de Estudiosos del Folclore e Indigenismo que se realizaba en la ciudad de Allen, en la Fiesta Nacional de la Matra y las Artesanías y en muchos otros eventos.

Varias de sus creaciones integran colecciones particulares, tanto en el país como en el extranjero. Otras pertenecen a distintas personalidades como Horacio Guarany, Adolfo Pérez Esquivel y Juan Alberto Badía, y muchas están emplazadas en iglesias y parroquias de varios lugares del mundo.

Yo tengo el privilegio de recibir de regalo varias tallas de Rodolfo que ornamentan mi casa. Un leño seco, un trozo de madera olvidado entre las malezas ribereñas, un piquillín retorcido por los años y por el viento o una raíz de forma caprichosa son para este singular artesano de Valcheta la esencia para elaborar sus hermosas creaciones. “Ya están casi hechas” suele decir Rodolfo.

Es terrestre y bueno el maestro Astrada. En su quinta tiene tomates amarillos, racimos de uva que cuelgan en la altura de los álamos, una dulce hilera de colmenares. Tiene fragancia a menta y albahaca. Prepara su propio vino, dulce y entrador. Y dispone su mesa para los amigos.

Varios rostros tallados en piedra miran desde la pared de su salón de ventas y exposición de artesanías, que lleva el nombre del padre Javier Elcano. Es la famosa “casa tallada”, cercana al curso del viejo arroyo mesetario. Para visitarla, para extasiarse ante las más de 150 obras de este artista plástico.

Yo le digo siempre que tendría que tallar un Astrada grande y otro chiquito. No me hace caso.

En Valcheta canta el agua en las acequias, el arroyo entre mimbres y maciegas, el viento en la copa de los álamos, el vino en la redondez de los racimos y en las manos del maestro Astrada en cada astilla que saca de la madera.

Por Jorge Castañeda
Periodista y escritor
Valcheta, Río Negro 

 

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