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La escuela de la Salamanca E-mail
Sábado, 08 de Enero de 2011 00:33

La salamanca es definida como la escuela del conocimiento y la viveza. Su regente, que no es de los más buenos pero sí de los más astutos, no es otro que el diablo, quien cobra a los asistentes la módica suma de un almita o la vida de algún ser querido.


¿Qué es lo que tanto valor puede tener para canjearlo por almas humanas?. ¡Poder! Se les ofrece a los aspirantes diferentes hechizos y embrujos con el fin de lograr algún cometido: amor, dinero y demás lujos y placeres. Sin embargo, el diablo siempre gana y, aunque la prenda sea el alma de otro, el demonio, vivo y paciente, cuando el negociante muere se lleva de propina también su alma.

Muchos son los que afirman haber ingresado en la sede misma del diablo... Cuentan que es un agujero grande y profundo en el suelo, pero que no se ve fácilmente, está en medio del espeso monte o en las barrancas de los ríos, donde se juntan sus seguidores, los estudiantes, a aprender de sus interesantes clases.

Los parroquianos no escatiman detalles, afirman que allí adentro hay grandes espacios: una sala inmensa donde los visitantes deben acomodarse en asientos, que no son otra cosa que serpientes enroscadas. Y no concluye ahí la cosa, serpientes más pequeñas y otras alimañas se arrastran por el lugar entre los estudiantes y se trepan a sus cuerpos desnudos, probando su coraje. Antes de comenzar cada clase se canta adorando al demonio y se defenestra cualquier acercamiento a lo divino o celestial.

La ceremonia comienza en la entrada misma de la salamanca, allí se muestra una figura religiosa que todo aspirante que se precie debe despreciar, escupiéndola en la cara, para no quedarse afuera.
Una vez adentro comienza el aprendizaje de los embrujos que buscan los concurrentes: manejo de instrumentos musicales, poderes malignos y enamoradizos, habilidades para el baile, doma, la payada y todo lo relacionado con las costumbres y actividades del lugar.

Los que viven por allí cerca afirman que en las noches de invierno, de la entraña misma del monte se oyen los acordes y melodías de innumerables instrumentos, y que al amanecer los vecinos salen a averiguar quién estuvo de fiesta. Muchas veces no quedan dudas: son los alumnos de la salamanca.


Extraído del libro: "Leyendas Indígenas de la Argentina" de Lautáro Parodi
Imagen: turismoguemes.com.ar

 

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