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“Dudignac es un pueblo de 3000 habitantes, que queda a 300 km de la Capital Federlal, partido de 9 de Julio” cuenta Lucrecia Longarini con tono y precisión de Guía de Turismo. Ella se crió allí, “En Dudignac tuve la libertad del paisaje. Somos niños, además conserva esa cosa de pueblo…te olvidás la bicicleta afuera y no pasa nada, te manejás solo de chico. Campo, mata, grillos, noches estrelladas con un cielo increíble que acá no lo ves.” Con ese contorno, en ese contexto Lucrecia fue creciendo. En su familia no había músicos, ni se escuchaba mucha música, pero a ella le gustaba cantar. Su hermana cinco años mayor tocaba el piano y entonces llamaba a Lucrecia para que cante “Alfonsina y el mar”...
A los 9 años ya integraba un coro infantil y cuando tenía 12 se anotó en los Torneos Juveniles Bonaerenses para competir en canto, en la categoría “Tango y Folklore”, entonces un novio que su hermana tenía en ese entonces y que entendía algo de música le acercó unos discos de Mercedes Sosa. De entre varios temas eligió algunos y comenzó a ensayar. Haber ganado esos Torneos queda casi como una anécdota, porque con aquella primera canción que eligió para interpretar en público “Para cantar he nacido” comenzaría, casi como por designio, a desandar ese destino de cantante que la canción anuncia.
- En ese entonces, a los 12 años, ¿ya te imaginabas haciendo una carrera como cantante? Siempre me gustó lo artístico y paralelo al canto siempre me gustaron los deportes. Sabía que iba a ser o cantante o profesora de educación física. Era una lucha grande, un año en los Torneos Juveniles Bonaerenses competí en 100 metros llanos en velocidad, Lanzamiento de Bala y Tango y Folklore. Pero todo se fue dando para que siga cantando. Desde chica estudié canto con Gustavo Grobocopatel y desde ahí tuve muchísimos maestros, hoy sigo estudiando con Roxana Med. En el medio integré un coro de Henderson y mientras cursaba el secundario me habían becado para estudiar canto en Capital y todos los fines de semana me venía desde mi pueblo. Eso influyó en mi formación. Es curioso también como todo se fue dando, conocí a Nacho Manzi, el hijo de Homero Manzi y con él hicimos diferentes obras de tango, después a Jaime Torres y con él hice algunos espectáculos de folklore.
- ¿Una vez que te decidiste por el canto la puja seguía entre el tango y el folklore?
Era todo muy paralelo. Hasta que me pregunté que era lo que me hacía más feliz. Sabía que hacer los dos géneros era complicado, por una cuestión de respeto por el género. Si me voy a dedicar al tango tengo que poner toda la energía en el tango, tengo que escuchar tango, leer sobre tango, y con el folklore lo mismo y sentí que quería hacer folklore en este momento de mi vida. Igualmente, así como la música criolla tiene la misma raíz de la música latinoamericana, el tango está dentro del folklore también y puedo seguramente algún día incorporar algunos tangos al repertorio.
El año pasado Lucrecia Longarini editó su primer disco que se llama “A Orillas del sol”, el nombre lo toma de un chamamé que está en este trabajo que es de Aldy Balestra y “expresa lo que siento por mi pueblo y lo que quiero transmitir. Las primeras veces que lo cantaba me emocionaba porque me hacía acordar mucho y me movilizaba al punto de quebrar.” El disco está compuesto por trece canciones (ver “A orillas del Sol” Lucrecia Longarini) e incorpora varios autores del folklore argentino y latinoamericano.
- ¿Por qué quedaron finalmente esas trece canciones?
Quedaron esas canciones porque eran las que me identificaban e identificaban momentos cruciales de mi vida, con personas cruciales. Pueden haber sido muchas más pero eran esas las que sentía que tenían que estar.
- ¿Sentís que en este primer disco se transmite lo que querés transmitir?
Hay seis canciones que estuvieron en un primer demo hace mucho y creo que las mejoré, las otras fueron nuevas. Unas de las metas que me había puesto era tratar de interpretar lo que más pueda todo el disco. Dí lo mejor de mí, si lo logré o no queda en los demás, siempre se puede mejorar.
Para ilustrar lo que dice da el ejemplo de cómo practico “Canción de cuna costera” antes de grabarla: “La trabajaba cantándola casi en posición fetal, para sentir como sería cantarle a un niño, tenía que usar la imaginación porque no tengo hijos, ni sobrinos, no había ningún niño. Entonces creo que logré mejorar la primer versión que era mucho más cuidada porque logré sacarle el peso propio cantándola como si fuera a un niño.”
Así como con Canción de cuna, cada canción tuvo un trabajo previo. Con entusiasmo Lucrecia narra las historias de las canciones, lo que los autores y compositores de cada obra le contaban acerca del por qué de la letra, de la armonía. Cuenta que Antonio Rodríguez Villar y María de las Nieves le corrigieron “El puente de los suspiros” de Chabuca Granda, dos personas que vivieron mucho tiempo con ella, o que grabó “Campo afuera” siguiendo las indicaciones de Ricardo Rodríguez Molina quién grabó con ella y acompañó a Carlos Di Fulvio (autor de la chacarera) por más de 30 años, o que conoció en Salta al hijo del panadero Juan Riera y al escuchar la historia mejoró su versión de “Zamba de Juan Panadero” o que Hilda Herrera le haya pasado “La Huesuda” o Jorge Viñas e Ismael Guerrero le revelaran el por qué del “Sueño de la vendimia”. O una explicación con conceptos históricos del por que del “Canto del pilón”. Así es con cada una de las canciones.
- ¿Creés que es necesario saber el significado de cada tema antes de interpretarlo?
Para mi si. Enriquece muchísimo porque a veces uno se va imaginando cosas y está perfecto, pero esta bueno para ser más cercano a lo que quiso decir el autor, porque en realidad para nosotros los intérpretes que te den una herramienta como conocer la historia te hace acercar mucho más al tema y a lo que quiso decir el autor. Nosotros somos el intermediario entre el poeta o el músico que hizo la obra y el pueblo.
Cuando nombró la palabra intérprete, Lucrecia hizo un paréntesis y aclaró con una humildad que sorprende luego de haber escuchado la historia de cada canción, “no sé si intérprete o cantante, ojalá algún día llegué a ser intérprete”.
- ¿Cuál es para vos la diferencia entre un intérprete y un cantante?
El intérprete interpreta como lo dice la palabra. Se juega, o la palabra sería… se interesa… se interioriza en cada palabra, porque cada palabra tiene un peso muy particular. A veces en la poesía le pasamos por al lado a miles de palabras con un peso importante en lo que quiso decir el autor. El cantante puede hacer melodías bonitas que muchas veces nos pasa, pero nos vamos con la melodía porque es muy linda y no estamos enterados de lo que estamos cantando, la poesía pasó por al lado y nadie se dio cuenta. Según mi criterio hoy ser cantante es más fácil que ser intérprete y un buen intérprete creo que también se va logrando con los años, con la experiencia, hay grandes músicos intérpretes que no son necesariamente buenos cantantes, con esto me refiero a la excelencia, al cuidado de lo técnico, lo vocal, un montón de detalles que a veces el pueblo no necesita. Por eso hay varios decidores como el Polaco Goyeneche que fue un gran cantante, pero que en sus últimos tiempos decía como nadie porque no lo forzaba, y ese es el trabajo nuestro de cada día.
- ¿Es difícil para un artista estar conforme con lo que uno interpreta y que a su vez eso llegué a los demás?
Si, es súper complicado, es divertido también pero no siempre uno está tan conectado. Lo interesante es trabajar día a día con uno mismo, en la medida que uno esté conectado con lo que quiere decir puede conectarse con la poesía y también con el compromiso de que cada palabra que digo tenga el peso que merece, porque si estoy pensando en lo que viene me estoy perdiendo lo de ahora. Yo practico una actividad oriental y mi maestro en su libro dice que: “no hay una segunda oportunidad para una primera impresión”, en la canción es lo mismo. Es el segundo de decir lo canto, entregó mi alma en este momento… y es tan increíble lo que pasa energéticamente con el público.
- ¿Considerás que lo que quedó plasmado en este disco te identifica?
Trato todos los días de buscar una Lucrecia auténtica, en la vida cotidiana, en el trabajo conmigo y en la canción. Es una tarea complicada porque vivimos en una sociedad súper capitalista, pensando en lo comercial, la imagen, lo que vende. Pero mi familia me inculcó mucho esto ser auténtica. Tuve la oportunidad de poder grabar mi primer disco con lo que yo quería cantar y no es poca cosa, como grabar las canciones que hicieron historia en mí.
Otra de las actividades que lleva Lucrecia Longarini, es la de ser Secretaria de la Academia del Folklore que dirige Antonio Rodríguez Villar y que posee a numerosos artistas e investigadores reconocidos entre sus directivos. En agosto se realizó el Primer Congreso de Folklore organizado por la Academia, al respecto Lucrecia comenta: “A nivel general, fue productivo, hubo errores por ser la primera vez pero tuvo cosas muy buenas. Es muy importante que suceda. Es la primera vez que se unieron artistas e investigadores y son dos columnas fundamentales, el artista gracias al investigador tiene un montón de herramientas y tiene que haber un ida y vuelta.” Y continúa: “Era hermoso ver la alegría de encontrarse de tantos grandes, por ejemplo en una mesa estaba Vitillo Abalos, Oscar Murillo, Fierro Guillén, Hugo Giménez y Javier Quiroz, era la historia viviente de la danza, de los ballets folklóricos argentinos. Fue lindo para los jóvenes que estuvimos aprender, había un promedio de gente muy mayor. Lo bueno de este Congreso es que hubo mas cosas positivas que negativas, esto se filmó y se va a editar un libro y un dvd para distribuirlo en bibliotecas, centros culturales, donde se necesite. Todas esas charlas y todo lo previo va a estar documentado, es fundamental para las generaciones que vienen.”
En referencia a la Academia del Folklore afirma “Somos todos la Academia, todos somos parte”, suena casi como un slogan, pero lo dice con una convicción notable, hace un silencio y más convencida aún justifica: “es solo venir y tratar de ayudar desde tu lugar para contribuir a las generaciones que vienen, que no solo quede en los directivos porque sino el folklore se va a morir ahí. Tenemos una oportunidad grande de aprovechar todos esos conocimientos y es nuestro deber como ciudadanos y como folkloristas participar.”
La charla, extensa continua, Lucrecia se preocupa por saber todo, “vos tenés que ser como una esponja, absorber todo” le dijo alguna vez Antonio Rodríguez Villar, y caló hondo en ella y por eso busca, investiga y desde su lugar sigue aportando no solo una bella voz a nuestro folklore que por cierto la tiene, sino también a través de sus interpretaciones, palabra a palabra, reafirma desde su juventud y su inquietud, la poesía, las melodías, las respeta y así mantiene viva la esencia de nuestra música popular.
* Ver nota Relacionada: Lucrecia Longarini: "A orillas del Sol" * Lucrecia Longarini
Por Pablito P.
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