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10 Nov 2009
La vestimenta es parte de un todo, de una obra integral que Raly decidió realizar en honor a los sonidos y recuerdos de su niñez, a su pasado en Frías, donde se escuchaba esa música, donde los cantores entonaban valses criollos “cantándolos a una manera provinciana”, donde en los boliches se actuaba vestido de esa manera, donde había que sintonizar la Radio AM para escuchar alguna transmisión radiofónica porque la Frecuencia Modulada no existía aún. El cambio de imagen y los ritmos que interpreta Raly Barrionuevo pueden sugerir que es una nueva versión de él, o como el mismo dice “sale el Eduardo Toledo” de adentro, pero no, la esencia es la misma. Raly siempre y en cualquiera de sus trabajos eligió buena poesía y la acompañó con buena música y buenos músicos, siempre eligió decir algo y cuidó la forma. Por eso para quienes crean que Raly ha cambiado demasiado su estilo no es así. El santiagueño solo eligió otro repertorio, otros sonidos para seguir defendiendo lo que siempre defendió, para seguir contando su historia y hacer historia con sus trabajos. Canciones muy conocidas forman parte del repertorio. Los valses criollos “Pedacito de cielo” o “Flor de lino”; “La Pulpera de Santa Lucía”, “Carta a un cuyano”, las zambas “Zamba de usted”, “Zamba del ángel” o “La Atardecida”, hablan por si solos en la profundidad de la letra y de la música. También hay chacareras: “La chacarera del sufrido” y “La atamishqueña”, y el espectro musical se amplia cuando incluye la “Huella sin huella” o “La milonga del si volviera”. Las canciones elegidas son como la vestimenta muy elegantes. Y como cada canción tiene su historia, Raly las cuenta con gracia y seriedad a la vez, breve y concreto, capta el interés de todos en ningún momento se torna pesado. Y por supuesto galantea con su público. Para ello tiene una cómplice perfecta: Elvira Ceballos, un acierto del Raly haberla incluido en el material y haberla traído a Buenos Aires. Elvira se gana a todos primero con su forma de tocar el piano, luego con sus comentarios y en el medio del espectáculo hasta tiene la posibilidad de interpretar una de sus composiciones “Pensar” un bolero. Para el final llegan algunas de las canciones que identifican al Raly; “Chacarera del exilio” o “Circo criollo” por ejemplo. El cierre es con “Mañanitas loretanas” pero con la particularidad que es tocado el piano a cuatro manos por Elvira y por Luis Gurevich, productor del disco. Un espectáculo cuidado, agradable de ver y de oír. Un homenaje a su pasado en el campo en Frías proyectado en estos tiempos. Por tal motivo, esa imagen prolija, esa estampa tan pulcra que se ve al inicio sobre el escenario se extiende durante todo el espectáculo, en la prolijidad de los sonidos, en la sutileza en la interpretación, en lo que dice cada letra. Un Raly auténtico que sigue sorprendiendo con cada uno de sus trabajos. |
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