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29 Nov 2009
El otro país, Canto labriego, Canción para Verónica o La Celedonia Batista, son claros ejemplos de que Teresa Parodi escribe y canta para todos desde siempre, pero tal como ella afirma en “Corazón de pájaro” se da el gusto de incluir otros ritmos de grabar temas que siempre quiso. Las canciones surgen, salen de adentro suyo, las interpretaciones así lo demuestran, en compañía de músicos que están a su altura como lo son Marcelo Perea en el piano, Ramón Córdoba en guitarra, Rodolfo Sánchez en percusión, Fernando Correa en acordeón y Lucas Homer en bajo y contrabajo; y con invitados como Mariana Baraj y Horacio Molina. Y por tal motivo todas las canciones encuentran un lugar clave en el disco, en la presentación y en su historia personal. Primera soledad, una tonada de Armando Tejada Gómez y Hugo Figueroa cuenta aquella inicial sensación de desolación en la infancia y recuerda: “cuando Federico, uno de mis hijos tenía seis años se enojó porque lo reté, agarró su mochilita, puso sus cosas y me dijo ¡me voy!... yo me preocupé pero mi mamá, sabia, me dijo ‘dejalo’. El se fue y pegó un portazo, yo tenía el corazón como una pasa de uva, vivíamos en un edificio y hacía poco estábamos en Buenos Aires. Al ratito se oyeron golpecitos en la puerta y era él, entró y dijo ‘mejor me voy mañana’."
No podía faltar el recuerdo a su amiga Mercedes Sosa: “La paciencia pobrecita es un tema en el que María Elena Walsh rescata la labor de todas las tejedoras aborígenes, Mercedes Sosa hacía una interpretación inmejorable”, las lágrimas se escurren por sus mejillas y la voz se quebranta… “la extraño mucho” confiesa, “seguramente ella hubiese estado hoy aquí… si estaba…”, el público le responde “está siempre está” y con un movimiento de cabeza asiente y sigue con su espectáculo.
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