30
Nov
2009

Hace unos años atrás unos jóvenes en una plaza cantaban varias canciones, cumbias, rock, latino de todo un poco. Entre esas canciones estaba La ley y la trampa, los jóvenes saltaban mientras cantaban las estrofas. La escena se repite el domingo, pero ahora es en las butacas del Gran Rex. Los jóvenes no son los únicos que están exaltados, una anciana revolea su pulóver mientras su marido no para de sacar fotos, lo mismo pasa con todo el público. El Chaqueño Palavecino es capaz de generar esos fenómenos que son difíciles de comprender, pero que asombran al observarlos.

 

 

La imagen del final es pura adrenalina. Todos de pie, todos cantan, todos gritan. Saltan,  revolean lo que tienen al alcance de su mano: buzos, banderas, pañuelos, lo que sea. La seguidilla de carnavales cruceños y takiraris marcan los movimientos frenéticos de la gente. Se los ve felices, disfrutan, ríen. Eso no es un mérito menor en estos días. El Chaqueño Palavecino logra generar ese ambiente festivo en el Teatro Gran Rex en tres funciones consecutivas, viernes, sábado y domingo. “Gracias Buenos Aires, hasta el año que viene” se despide.

 

Durante el espectáculo que duro casi dos horas y media hubo una puesta en escena muy interesante. Tapices y cuadros tradicionales en el fondo y a cada costado del escenario dos largas mesas, en las cuales había locro, empanadas, y vino. Los comensales eran los bailarines del Ballet Brandsen dirigido por Oscar Murillo y Mabel Pimentel, quienes con sus ropas tradicionales aún engalanaban más esa pintura. Y no solo fue la imagen en el escenario, sino que hubo varios segmentos de criollismo durante la noche.

 

Uno de ellos fue el duelo de copleros cuando subieron como invitados Coco Gómez de Chaco y el formoseño Capurro quienes hicieron un contrapunto de coplas. Luego Coco Gómez explicó lo que significaba la “chacarera del monte” y ejecuto con el acordeón de dos hileras “La mocha ahorcada”.

 

El Ballet Brandsen tuvo un rol protagónico. Si bien bailaron en casi todo momento, presentaron cuadros de danzas tradicionales como el triunfo y el palito, ejecutados por los músicos del Chaqueño Palavecino, “a la manera que se toca en el chaco salteño” explicó Oscar Esperanza después de contar como era que habían llegado estas danzas bonaerenses hasta aquella región del país. El cuadro de malambo, con cuchillas y boleadores se ganó la ovación mayor de la noche.

 

El recuerdo de las vivencias en el Chaco salteño, la mención a la manera de tocar en el violín en aquella región mientras Daniel Villa demostraba como una canción podía ser interpretada de diferentes maneras según quien sea el ejecutante, por caso Fermín Torres o el Negro Gómez, los violinistas más reconocidos en aquel pago. Con tres invitados que tocaban arpas para interpretar polcas y un pequeño homenaje en canciones a Horacio Guarany completaron la presentación.

 

Una particularidad fue que Matías “el pelado” Almeyda, quién estaba presente, tras la invitación del Chaqueño Palavecino, se animo a bailar una chacarera en el escenario y demostró ser un excelente zapateador. “Para mi esto es un sueño, porque siempre escuché al Chaqueño, a Horacio Guarany, baile 8 años folklore y lo llevó en el alma. Como buen argentino que soy llevo el folklore en la sangre” confesó Matías Almeyda.

 

Con todos estos condimentos el Chaqueño desató la locura de todos, esa imagen final de pura adrenalina, de disfrute pleno para toda la familia. 


Texto: Pablito P.
Fotos: Rubén Gobetti

 
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